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Quinientos años de Anabaptismo

El 21 de enero de este año se celebraron quinientos años del Anabaptismo, el movimiento que dio vida a las comunidades religiosas Amish, Menonita, Hutterita y los Bretheran, ¡así que merecen felicidades por eso!

En resumida cuenta, los anabaptistas rechazaron el bautismo infantil de la Iglesia Católica como inválido, insistiendo que este sacramento solo debería ser recibido por quien esté consciente de su profundo significado espiritual. Mientras esta postura fue la que les valió el nombre de “anabaptistas”, su doctrina también rechazó la autoridad del Papa y planteaba que cada quien entendiera e interpretara la Biblia por su cuenta. Esto se los llevó a sufrir persecuciones religiosas y muertes lamentables; muchos ahogados, otros quemados en la hoguera o rompidos en la rueda, entre otros métodos brutales de tortura de la Inquisición. Desde 1527 hasta 1711, se estima que entre cuatro y cinco mil anabaptistas fueron ejecutados por su fe. Muchos están documentados en el “Martyrs Mirror” o “El Teatro Sangriento”, que se publicó primero en Holanda en 1660 en neerlandés por Thieleman J. van Braght.

Mi sexto tatarabuelo, Melchior Bronimann II “el exiliado”, nacido alrededor de 1631 en Oberdiessbach, Bern, Suiza, tejedor, se unió al este movimiento anabaptista, específicamente en la secta menonita. En 1659, a sus 28 años, lo encarcelaron durante un año en el Castillo de Thun, antes de exiliarlo, junto a su esposa y siete hijos, al campamento de refugiados anabaptistas suisas en Griesheim, Alemania. Ahora hay dos celdas en la torre del Castillo de Thun que están abiertas a los turistas; hace varios años visité esa área, me senté en una de las celdas un rato y me puse a pensar si yo habría tomado la misma decisión, a esa edad y con una esposa y una familia creciendo. Es natural sentir cierto orgullo por mis raíces familiares, hasta un toquecito de orgullo santurrón. “Nosotros” nos enfrentamos a una alianza malvada de iglesia y estado y nos mantuvimos fieles a “nuestra fe.”

Pero entonces, el verso de quinientos años me sonaba. ¿Dónde lo había oído antes? ¿Acaso “nosotros” no éramos lo único que pasaba por eso? ¿Qué más sucedía hace quinientos años? Pues resulta que había un montón de cambios fuertes ocurriendo en el mundo que hay que considerar para poner en contexto el capítulo de los anabaptistas. Una pregunta que va de la mano es la de causa y efecto; cómo los movimientos individuales impactan o son impactados por eventos que cambian el mundo. Todos queremos ser la mariposa en el Efecto Mariposa, ¿verdad?

En general, el período que nos interesa, de alrededor de 1500 a 1711, marcó el final de la Edad Media (también conocida como la edad oscura) y dio paso a la iluminación del Renacimiento. Durante este tiempo, figuras como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, William Shakespeare, Descartes, Galileo y Copérnico moldearon nuestros conceptos modernos de arte, arquitectura y ciencia; formando, en esencia, toda la identidad cultural occidental actual.

Mucho antes de que Martín Lutero clavara sus 95 Tesis en la puerta de la iglesia, un teólogo inglés y disidente temprano de la Iglesia Católica, John Wycliffe (1328-1384) acuñó la frase “sacerdocio de todos los creyentes”, que más tarde se convertiría en la base de toda la teología anabaptista. La Biblia traducida para el hombre común, la igualdad de todos los creyentes y el derecho (y obligación) de cada uno de interpretar la Biblia por sí mismo son centrales a este concepto. Recuerdo que en mis años de adolescente, hubo una discusión en nuestra iglesia sobre si el púlpito del pastor debería estar en un nivel elevado o no. Subir el púlpito podría dar la impresión de superioridad, mientras que dejarlo a nivel del suelo significaba que no era mejor que los demás, aunque era más difícil ver y escuchar el sermón. Al final, ganó el argumento práctico y elevaron el púlpito, para disgusto de los tradicionalistas.

Los escritos de Wycliffe sobre la reforma de la iglesia influenciaron a todos los reformadores que vinieron después de él. Aunque logró mantenerse fuera del agarre de la iglesia y murió de muerte natural en 1384, el Concejo de Constanza en 1415 ordenó que desenterraran sus huesos y los quemaran por herejía.

Uno de los que estudió las enseñanzas de Wycliffe fue Jan Hus, originario de lo que hoy es Checoslovaquia. Nacido en 1369, Hus pronto hizo eco de la postura de su predecesor en contra de las indulgencias, rechazando el poder del papado y promoviendo el sacerdocio de todos los creyentes. Su obra más reconocida, titulada “La Iglesia”, afirmaba que Cristo fue el fundador de la iglesia, no Pedro. En 1414, le dieron paso seguro a un consejo reformador que se reunió en la ciudad de Constanza, Suiza, supuestamente para resolver sus diferencias con la iglesia. Fue una trampa; a llegar, le retiraron el paso seguro, lo juzgaron y lo quemaron en la hoguera el 6 de julio de 1415.

Es en este contexto de discusión de 200 años y coincidiendo con la iluminación del renacimiento, que el 31 de octubre de 1517, Martín Lutero clavó sus 95 Tesis en la puerta de la Iglesia del Castillo en Wittenberg, Alemania. Al principio hubo un intento de mantener la discusión dentro de la iglesia, pero a final no sirvió para nada. En 1521, lo excomulgaron y la reforma protestante comenzó en serio, con una proliferación de propuestas de reforma y nuevas doctrinas y comunidades de fe. Entre los más radicales estaban los Anabaptistas y entre ellos los Menonitas.

El debate sobre la doctrina de la iglesia se hizo público y llegó a la arena política. La Guerra de los Campesinos Alemanes (1524–1525) fue una revuelta popular en el Sacro Imperio Romano que vio a miles de campesinos, gente de pueblo y de clase baja levantarse contra las autoridades feudales. Sus demandas estaban resumidas en “Los Doce Artículos”, que pedían la abolición de ciertos impuestos feudales, alquileres justos, acceso a tierras comunales y el derecho a elegir a sus propios pastores. La reacción de los reformadores teológicos no fue nada armoniosa; un claro ejemplo fue el choque entre Thomas Müntzer, un ministro protestante que apoyaba totalmente las demandas de los campesinos, y Martín Lutero, quien argumentaba que el deber de los campesinos era trabajar la tierra y el deber de las clases gobernantes era mantener la paz. Al principio, Lutero mostró simpatía por las quejas de los campesinos, dado que fueron inspiradas en su trabajo; hasta escribió una “Admonición a la Paz sobre los Doce Artículos de los Campesinos”. Pero cuando la rebelión se tornó violenta y amenazó el orden social, se volvió en su contra, escribiendo un panfleto titulado “Contra las Hordas Asesinas y Ladronas de Campesinos”, con un lenguaje bastante violento: “Por tanto, que todo el que pueda, golpee, mate y apuñale, ya sea en secreto o abiertamente, recordando que nada puede ser más venenoso, dañino o diabólico que un rebelde. Es igual que cuando hay que matar a un perro rabioso; si no lo atacas, él te atacará a ti y a toda la tierra contigo”. De los 300,000 participantes en la revuelta, más de 100,000 murieron, y los demás fueron castigados y multados. Muchos huyeron a países vecinos, esparciendo su ideología y promoviendo acciones similares.

La grieta ideológica entre los estados católicos y protestantes que formaban el Sacro Imperio Romano Germánico fue creciendo con el tiempo. Se desató otra vez la guerra abierta alrededor de 1618 con lo que se conoce como la Guerra de los Treinta Años. Una de las guerras más largas y brutales de la historia, se vio más de 8 millones de bajas por batallas militares y por el hambre y las enfermedades que desató el conflicto. El resultado fue la destrucción del Imperio Romano y el establecimiento de naciones europeas modernas y soberanas, aunque muchas con sus propias manifestaciones de intolerancia religiosa.


Simultáneamente al sangriento conflicto europeo, comenzó el expansionismo colonial hacia el “Nuevo Mundo”, tanto para saquear tesoros que financiaran el esfuerzo bélico de los países alineados con el Sacro Imperio Romano, como para un escape de vapor para la reubicación de disidentes religiosos radicales.

El Papa Alejandro VI emitió la bula Inter Caetera en 1493, que dividió las tierras del Nuevo Mundo entre España y Portugal, justo el mismo año en que Colón hizo su segundo viaje a las Américas, abriendo negocio en el Caribe para extraer oro, esclavos e iniciar la producción de caña de azúcar. Pedro Álvares plantó la bandera portuguesa en Brasil en 1500. También Portugal estableció colonias a lo largo de la costa africana, en la India y el Lejano Oriente. Hernán Cortés lideró la conquista española del Imperio Azteca en México, en 1519, seguido por Francisco Pizarro llegando a Perú en 1532 para conquistar a los Incas.

La mano de obra forzada, el comercio de esclavos y las enfermedades europeas diezmaban a la población nativa en las Américas y para 1517 ya traían los primeros grupos de esclavos africanos al Caribe para reemplazar la fuerza laboral. Se estima que la población nativa de Mesoamérica, de unos 50 millones, se redujo a entre 2 y 5 millones en el periodo en discusión. Se estiman que el noventa por ciento del comercio esclavista africano hacia el Nuevo Mundo fue al Caribe y Sudamérica, con cerca de cinco millones solo para la producción de caña de azúcar en Brasil.

América del Norte también fue colonizada en esta época. En 1532, Jacques Cartier reclamó partes del territorio canadiense para Francia, y entre mediados y finales de 1600 empezaron a surgir las 13 colonias que luego formarían los EEUU. William Penn visitó el asentamiento de refugiados suizos anabaptistas en Griesheim, Alemanía en septiembre de 1677, mientras promovía su colonia religiosa tolerante en Pensilvania. Cuatro hijos de Melchior Bronimann II “el exiliado” se fueron al Nuevo Mundo con él, entre ellos Melchior ‘El Pionero’ Brenneman, Sr., mi quinto tatarabuelo. Se estableció en lo que era la frontera oeste, ahora conocido como el municipio de Conestoga en el centro oeste del condado de Lancaster, Pensilvania. Los Brenneman convivieron con la tribu local Conestoga por muchos años, como se reportó en un testimonio de la época en el periódico local, Hazard’s Register, donde se decía que los hijos del inmigrante menonita “jugaban de manera muy deportiva e inocente con los pequeños de rostro rojo, y nunca supe ni escuché que algún rostro blanco sufriera daño alguno de sus hermanos rojos; es decir, ningún daño intencionado.” En diciembre de 1763, los 20 nativos Conestoga que vivían junto a los Brenneman fueron brutalmente asesinados por “Los Paxton Boys”, una turba de inmigrantes escoceses-irlandeses que vivían en el área alrededor de Lancaster. Las buenas intenciones no soportaron el embate de la expansión. Y querámoslo o no, aquellos que escapaban del maltrato y la persecución en el Viejo Mundo se convirtieron en parte integral de los mismos que maltrataban y desplazaban a la población nativa en el Nuevo Mundo.

El período de doscientos años de 1500 a 1700 fue un cambio feroz de paradigma. Lo que me llama la atención es que cada grupo o comunidad afectada por este cambio tempestuoso insiste en contar su historia como si fuera un relato independiente, sin conexiones con otros relatos similares y sin contexto del gran tumulto global que marcó el camino y contribuyó a la narrativa de todos. Todos hablamos de los mismos 500 años, y como si fuéramos los únicos protagonistas.

Quinientos años de Anabaptismo es un legado del que estar orgulloso, pero hay que verlo con humildad, como un pequeño rol en esa transformación mundial que se llevó por delante a más de 60 millones de personas, el desplazamiento de muchos más y innumerables relatos similares de valentía y heroísmo.

¿Realmente nosotros decidimos nuestro destino? O estamos captados por las circunstancias, tratando de mantenernos a flote. ¿Podría haberse dado la Reforma sin todo el contexto que la precedió y el relajo político?

Tal vez la verdadera pregunta es: si nuestros abuelos no hubieran hecho lo que hicieron hace 500 años, y con el orgullo que sentimos hoy, ¿tendríamos el valor para hacerlo ahora? ¿Hay algo parecido a la reforma en nuestra época?, ¿y qué sería?

¿Cómo recordarán nuestros descendientes nuestras acciones hoy dentro de quinientos años?

rab 3/6/25

Nota: Mientras escribía este blog, me asombró la cantidad de acontecimientos mundiales de 1500 a 1700 y no hay forma de incluir todos los hechos históricos en este intento condensado y humilde de dar una perspectiva sobreelcomienzo anabaptista.